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El Secreto de Xandros Capítulo II: Una extraña reacción

06 Jun

Capítulo II: Una extraña reacción.

Ya se podían ver los primeros rayos del sol en la villa de Tambora, al alba, en algunas casas, se podía ver el blanco humo que salía de sus chimeneas y que se perdía entre las nubes. Algunos hombres ya se encontraban trabajando en el campo y otros esperaban a que la luz fuera más fuerte para salir a recolectar madera y realizar sus labores.

En una de las casas, se escuchaban unas risas, era la casa de los padres de Jacob, en su interior estaban Ignos y Karah.

Ignos era un hombre de complexión normal, un trabajador más de la villa. Se dedicaba al cultivo y en algunas celebraciones ejercía de animador, deleitando a la gente con su música. Tenía un talento natural para la música, era de carácter alegre y bondadoso y quería a Karah por encima de todas las cosas.

Karah que estaba preparando el desayuno no paraba de reír, Ignos tenía una máscara  hecha con un pedazo de madera tallada que representaba una criatura del fuego y la llevaba puesta corriendo alrededor de Karah y haciendo extraños ruidos.

– ¡Cuidado mujer!, que aquí llega la bestia Uaaaaahhhhhhh!

– No seas tonto Ignos – , dijo Karah.

Ignos la tomó en brazos y comenzó a girar sobre si mismo dándole vueltas hasta marearse y caer en el suelo los dos… las risas se escuchaban desde fuera…

Mientras tanto… no muy lejos de allí, un par de casas más abajo, estaba la casa de Léonor y Máximo, los padres de Mirah. Máximo era todo un personaje, le gustaban las fiestas, reunir en el pequeño jardín que tenía fuera de su casa a la mayor cantidad de gente posible y organizar grandes banquetes. Era un hombre muy sociable, al igual que Léonor, la cual se sentía muy orgullosa de el.

Ellos aún dormían ya que Léonor estaba agotada por el parto de Mirah y Máximo permanecía a su lado observando como dormía.

– Máximo querido, tienes que levantarte, los niños te esperan.  Dijo Léonor con los ojos entreabiertos.

Máximo era también el profesor de la villa, un maestro que enseñaba a los niños todo lo que debían saber para sobrevivir ante los peligros que les depararía la vida.

– ¿Pero tú estarás bien? – Respondió Máximo.

– Sí, no te preocupes, hoy descansaré todo el día.

– Está bien –, respondió el marido preocupado. – iré a dar clase, pero hoy prepararé la comida yo –

– No te preocupes por eso, tenemos comida de ayer – dijo Léonor sonriendo.

Máximo se estaba levantando de la cama pero el sabía que a Léonor le pasaba algo, algo le preocupaba o le rondaba en su cabeza, se vistió y se fue a dar sus clases…

Máximo se dirigió a casa de Ignos, ya que Ignos tenía una máscara la cual representaba fielmente a una de las criaturas de las cuales les había hablado a los niños en la escuela y quería usarla para sus enseñanzas. Así que recogió la máscara y se dirigió a la escuela.

Los llantos se escuchaban 10 casas más abajo, el pequeño Xandros no daba descanso.

– ¡Por los dioses! a este niño no le falta energía!, lleva horas llorando – dijo Jacob

Máximo, que se dirigía a dar sus clases, no pudo evitar escuchar los llantos de Xandros y se acercó a ver a su hija y a su nieto.

Al abrir la puerta los llantos del pequeño eran cada vez más fuertes saludó a Jacob se puso al lado de la pequeña cuna en la cual estaba postrado el jovencísimo Xandros y de repente se hizo el silencio. Tanto Mirah que estaba aún en la cama y Jacob se sorprendieron por ese silencio tan repentino.

– ¿Por qué se habrá cayado? Dijo Mirah

– ¡Que extraño! – Exclamo Jacob

El abuelo, tan extrañado como Mirah y Jacob juntos se preguntaba lo mismo, se giró volviéndose hacia los recién padres y el niño comenzó a llorar de nuevo.

– ¿Cómo?, ¿pero que le pasa a este niño? – dijo Máximo volviéndose hacia el de nuevo.

En ese mismo instante Xandros volvió a guardar silencio. La cara de los tres era la misma, se preguntaban que era lo que hacía que Xandros parara de llorar. De repente, Máximo se percató de algo. Llevaba colgada la máscara con la que tenía pensado dar sus clase de hoy y que hacia poco le había pedido prestada a Ignos.

– ¿Será esto lo que hace que se calle? – dijo Máximo.

Cogió la máscara, la acercó al niño y la colgó en su cuna, Xandros había dejado de llorar, estaba callado, mirando fijamente la máscara de la criatura, el ser más peligroso que existía en ese mundo y en ese mismo instante dejó definitivamente de llorar.

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2 comentarios

Publicado por en 6 junio, 2011 en El secreto de Xandros

 

2 Respuestas a “El Secreto de Xandros Capítulo II: Una extraña reacción

  1. Nineta

    7 junio, 2011 at 01:24

    Muy buena! Me encanta la historia, se esta poniendo interesante.
    A la espera del siguiente cap 🙂

     
  2. Flora

    7 junio, 2011 at 09:17

    ui yui yui yui yuuuuiii.. que pasara luego.. mas queremos mas… queremos mas…

     

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